Tu cartera de clientes vive en el móvil del dueño
Un cliente pregunta por WhatsApp, otro rellena el formulario de la web, un tercero llama mientras estás en una obra y el cuarto llega por un portal con un correo automático. Cada uno acaba en un sitio distinto: el móvil personal, la bandeja de entrada, una libreta, un pósit pegado a la pantalla.
Mientras el negocio es pequeño, la memoria del dueño lo sostiene. El día que entra un empleado nuevo, que el dueño se va de vacaciones o que se le rompe el teléfono, esa cartera desaparece. Nadie sabe a quién se le prometió un presupuesto ni qué se habló con quién.
Un CRM —de Customer Relationship Management— es, en el fondo, eso que falta: una ficha por cliente con todo lo que ha pasado con él, accesible para quien la necesite y no solo para quien atendió la primera llamada.